DESDE EL CORAZON DE LA AMAZONIA ECUATORIANA
XIX. TAGAERI-TEROMENANI
Una entrevista sobre la masacre Taromenani
¿Cuán pronto se enteró de la muerte de los Taromenani?
A la semana de los sucesos del 28 de Marzo,
después de la muerte de los Taromenani a manos del grupo Waorani de Dikaron y
Yarentaro, me (Achakaspi) pidieron una entrevista. Como mi residencia queda muy
lejana me adelantaron unas preguntas para que las responda, pero nadie regresó
a retirarlas y ahora las presento un poco arregladitas. Durante ese escaso espacio
de tiempo los waorani de Kawimeno ya habían popularizado en Rocafuerte el
sangriento suceso. Hay un relato, apenas regresaron de la cacería humana, que
describe muy bien lo sucedido en la entrada, contamos también con el libro de
Miguel Ángel Cabodevilla, “Una Tragedia Ocultada”.
¿No le parece llamativa esa información tan
inconsciente de la noticia, por decir lo menos?
Los nervios de los que lo contaban estaban al rojo
vivo. ¿A quién se le ocurre tomar fotos de sus propios asesinatos? ¿Registrar
con la cámara a los compañeros como si fuera un piknick y fotografiar a algunas
de las víctimas? Es una inconsciencia que nos llega desde otra dimensión, con
destellos de otra galaxia. Luego de la masacre ¿ofrecer por las calles del Coca
tan peligrosa evidencia ante la ciudadanía, la policía y la fiscalía, como un
baratillo de algo exótico para el que, a buen precio la quiera comprar? Que pocos
reaccionen y se asombren es otra secuencia de Replay. Inconsciencia, dinero e
indiferencia unidos por ambos polos, nosotros y ellos. Es difícil interpretar
estos comportamientos que indican, en unos y en otros, una desorientación total
de la cultura, la convivencia, la ética, las leyes y procedimientos de la
sociedad. No distinguir lo legal de lo ilegal, la impunidad de lo ético, el amor
humano de la ferocidad animal nos reúne a todos en un mundo más allá de lo
fantástico y de la cordura. ¿Participamos de una ilógica concepción con alguna posible
dimensión cultural traída de otro contexto.
¿Cómo se explicaría tanto en unos como en otros?
Ante esta diafanidad de los woaorani que
nunca negaron el hecho, que lo discutieron y decidieron en sus bohíos de Yarentaro desde sus
obscuridades y convicciones ancestrales. Desde el grito animal de la selva. SÍ
vemos actitudes incompatibles por incalificables e ilógicas, pero oficializadas
por su ancestral cultura de la venganza, entendida como valor positivo para
sosiego del espíritu tribal ultrajado y grandeza valerosa del ánimo: el duelo a
muerte, ley del talión, ojo por ojo, diente por diente, no tan antiguos, aún
para nosotros y nuestros libros de lectura. “Una vez cumplida la venganza ya no
hay razón para volver a matar”. “Después de matar estoy bien, estoy tranquilo.
La costumbre waorani es así.” “Cuando voy a una fiesta, cuento cómo maté a los
Taromenani. Así me van a tener admiración y me voy a convertir en un guerrero
respetado.”
Desde
nuestro lado (fiscalía, gobernación, estado, ciudadanía) ¿Por qué
intentar desvanecer, hasta el día de hoy, la evidencia de los hechos llamándolos
“presuntos”, “no verificados”, “sin pruebas”, “falta investigar”? ¡Qué tan
lejos estamos los unos de los otros en este submundo animal de la
irracionalidad, intereses y ambiciones inconfesables! Si además ponemos toda
clase de dificultades e impedimentos para evitar la confirmación de la realización de la
masacre ¿No la estamos aprobando, haciéndola nuestra en la práctica? Hay un
principio de la moral que dice que el fin no justifica los medios. ¿Cuál es el
fin? ¿Evitar la posible acusación de etnocidio? ¿Continuar con la política de
desarrollo del Estado por la extracción de recursos naturales?
Así dice la Constitución: Art. 57, Lt. 22:
“Los territorios de los pueblos en aislamiento voluntario son de posesión
ancestral, irreductible e intangible, y en ellos estará vedada a perpetuidad
todo tipo de actividad extractiva. El estado adoptará medidas para garantizar
sus vidas, hacer respetar su autodeterminación y voluntad de permanecer en
aislamiento y precautelar la observancia de sus derechos. La violación de estos
derechos constituirá delito de etnocidio, que será tipificado por la ley”.
También dicen las leyes que las personas
que realicen actos tendientes a influir, alterar o de cualquier manera cambiar
la cultura, forma de vida o identidad de los pueblos no contactados, cometen
delito (OIT). Este delito se tipifica como delito de genocidio.
¿Están comprobadas las muertes de Ompure, Buganey y la
posterior masacre de Taromenanis?
Todos son hechos evidentes y comprobados.
Estoy seguro de que tanto la fiscalía, los militares, el Estado y la ciudadanía
vieron las fotos, tenían los datos y escucharon las narraciones de los waorani
que ejecutaron la acción, lo dijeron las niñas secuestradas y “existe un video
grabado por ellos mismos mientras se interroga y mata a uno de los rehenes”. Lo
que no explican son los motivos del ocultamiento o desinformación de tales
evidencias a la ciudadanía. En algunos espacios periodísticos se califica esta
conducta gubernamental como compleja. Un alto funcionario dijo “No sabemos qué
hacer”.
No creo que lo dicho sea cierto, porque vemos
lo que hacen: Echar la bola fuera de cancha, distraer, esconder, escamotear a
la opinión pública,… y lo han conseguido. Un dicho popular dice: “miente que
siempre queda algo”. No se quiere aceptar la condena que hace y les toca de
parte de la Constitución que es lo que debían hacer. Actualmente, después de
año y medio estamos en lo mismo y “estaremos en lo que estamos”. “la razón de
la sinrazón que con la razón se hace, de tal manera mi razón perturba que con
razón me quejo de…” como se dice en el Quijote de Cervantes la sinrazón es de
alta política. La cita es un piropo a la belleza de Dulcinea del Toboso.
¿Por qué no se
investigó?
Todo lo que se ha dicho es más que una pista, es una
avenida amplia de datos, testimonios, evidencias. Pocos casos estarán
tan documentados desde el principio. Además contamos con la pista dada a la
prensa por el fiscal general que afirma que hubo vuelos misteriosos a
consecuencia de los cuales se habrían dado algunas muertes de Taromenani por ingestión
de alimentos.
Después de estos vuelos vino la muerte del matrimonio
Ompure y Buganey. Para mi esta es la razón no investigada de la muerte de los
ancianos y la consiguiente venganza de sus deudos sobre los Taromenanis. El Sr.
Fiscal General del Estado dio esta gran pista de investigación que no se
siguió, sino que se silenció. ¿Quién voló y mató primero?
No es tan arriesgado y difícil como se dijo
descender desde un helicóptero sobre la selva. Yo he bajado solo y con
militares por razones humanitarias dos veces colgado de una soga y he entrado
en otra ocasión caminando más de l5 kilómetros por el interior de la selva, en
pleno territorio Tagaeri, a rescatar cuerpos lanceados y no pretendo ser un
Rambo. Para los militares es una simple rutina. Por eso no les creo cuando
dicen que no se puede, que no saben. Estoy seguro que lo hicieron. Sería una
injustificable irresponsabilidad profesional por parte de ellos. Los delitos
por omisión son de la misma categoría que los de comisión. Más grave que mentir
es ocultar la verdad.
¿Quién estaría interesado en ocultar los datos cuando
todos lo piden?
Hay gente que ronda en los ministerios, que
dicen saberlo todo. Aunque no manejen datos precisos pretenden ser un escudo
blindado de protección del gobierno. Esto se ve como una mancha seria, un
escándalo. La fiscalía del Coca puede esclarecer el caso y no lo hace, a ellos
se les exige responsabilidad y buen juicio. Más bien reaccionan con celo y saña
citando a declarar a una multitud variopinta de gente como si fueran forajidos
contumaces y mañosos, haciéndolos chismosos. Si quieren comprobarlo traten de
revisar el expediente de más de 5.000 páginas. Es para dejar a uno patidifuso.
Quieren matar al mensajero aunque lo que odian es el mensaje. ¿Qué es lo que
quieren silenciar? Sería la pregunta del millón. En sus oficinas tienen
personal Waorani como consultores e informantes permanentes directos, que saben
todo y tienen datos de primera mano. Tienen a la Sra. X, la confidente e
informante más enredada que ambos fiscales hayan podido encontrar. Además, la
fogosa manía persecutoria llena de prejuicios que permea en esos espacios de
poder, los muestra más correistas que Correa. Es la intriga palaciana que hace
mal a todos. Las cortinas de humo se disipan como llegan. Es difícil cerrarle
las puertas a la verdad y tapar el sol con un dedo. La verdad es luminosa como
el sol y rodearla de obscuridad es hacerla aún más luminosa.
Achakaspi
1703999019

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