DESDE EL CORAZÓN DE LA AMAZONIA ECUATORIANA
XVI. TEMAS DEL BIEN VIVIR:
El Alcoholismo
“El alcoholismo es un problema social en el
Ecuador”, lo demuestran las estadísticas y estudios de los últimos años.
“Tenemos una cultura laxa con respecto al alcohol” dice el Ministro de salud
David Chiriboga (20l0). Es uno de los problemas que más afecta actualmente no
solo al individuo sino a la sociedad,
tiene un impacto negativo en un gran segmento de ella y supone un
peligro para el desarrollo comunitario. Los Ministerios de Gobierno y Turismo
emitieron un “Acuerdo Ministerial” para regular su consumo en todo el país. Su
objetivo es controlar los niveles de inseguridad y violencia ciudadana que
repunta los fines de semana y los Domingos, en los que la tarima de las
cantinas y el bordillo de las aceras se convierten en el lugar preferido de los
bebedores. No se dieron normativas para la educación y la salubridad pues
algunos parten del presupuesto de que el alcohólico es un enfermo. La OMS ha
promovido el Sistema Mundial de Información sobre el Alcohol y la Salud con el
fin de dar datos sobre la intensidad y
las características del consumo, sus consecuencias sanitarias y sociales y las
políticas correspondientes a todos los niveles.
En Ecuador se socializa a través del
alcohol. Los abstemios son excluidos de estos espacios sociales. Disfrutar de
la vida, bailar con la pareja, gozar con
los amigos de la música y tomar hasta las 2 de la mañana, es muy distinto que
tomar hasta las 6 y quedar inconsciente sobre el piso de la cantina para que la
“farra” sea todo un éxito. El alto consumo de alcohol, especialmente en la
juventud, ha rebasado los límites. El alcohol trunca demasiadas vidas. La
tercera causa de las muertes por accidente de tránsito debido a la violencia
del impacto se debe al consumo de licor que unido a peleas callejeras,
asesinatos y pandillerismo da una cifra sorprendente (44 % de muertes
violentas); además de enfermedades, problemas familiares, violencia del hogar,
descuido y maltrato de menores y de la mujer, absentismo laboral y de los
estudios, problemas cardiovasculares, cirrosis, cáncer, SIDA, tuberculosis,
infecciones sexuales… Ocupa el tercer lugar entre los factores de riesgo de
morbilidad.
Hace unos años el Ecuador era el segundo
país de América más bebedor per cápita, 8 litros de alcohol puro al año,
superado por Argentina, 10 litros. El consumo dañino y peligroso mínimo es de 6
litros según la OMS. Actualmente (2014) la OMS señala que Ecuador ha bajado,
ocupa el 9 puesto con un 7, 2 litros de ingesta. En Ecuador preocupan las
cifras, porque se comienza a beber a los 12 años (CNCSE). Según un estudio de
la FLACSO, en Quito el 59 % de jóvenes adolescentes consume alcohol de forma
excesiva y el 41 % de forma moderada (2010). Es la “droga predilecta del joven”. Hay una tradición nacional centenaria de elaborar bebidas de
manera artesanal a base de caña de azúcar (“puntas”) y tomarlo en familia. Pero
es la cerveza la que más se ingiere en
América Latina (53 %), la segunda del mundo.
“El consumo genera adhesión en todas las
edades, pero es incontrolable cuando se presenta en la adolescencia”.
¿Los naporunas tienen una cultura
alcohólica?
“Kallaripi
Pachayaya ñukanchi mikunata, ñukanchi upiyanata sakishka. Tukuy laya upiyanata
surkurka: lumu aswa, chunta aswa, unkurawa, muriti wayu, api, pukushka, wiru:
mishki kanakun. Manchu allí kan ñukanchipa upiyana. Hursa ipiyasha kushi
kanchi. Yuyaywa upiyapi mana ima tukun. Alli kanchi”. “Así habla la sabiduría
de los mayores. En el pueblo naporruna ha existido la costumbre ancestral de
beber chicha de yuca, de chonta, ungurahua, morete; tomar caldos, chuculas y
zumos que son buenos y sabrosos al paladar, con los que nos alegramos sirviéndolos
juiciosamente. La toma de la chicha es ritual, es la bebida de los espíritus y
la vida de la gente (“runa kawsay”)”. Se escancia la misma cantidad de chicha
para todos, sean chicos o grandes, varones o
mujeres, sanos o enfermos y de modo que alcance para todos de la manera
más igual posible. Se sirve para todos en el mismo tazón. “Yo peso licor”,
decía el viejo indio ante la observación que se le hacía de repartir idéntica
cantidad de bebida en una noche obscura.
Culturalmente no se toma trago o alcohol en
el ritual de la comida y bebida comunitaria. La comida se acompaña con la
chicha (aswa) que es repartida por la mujer. El tomar licor se originó del hombre blanco.
Desde los tiempos de la conquista en las encomiendas y después en las haciendas
que proliferaron a lo largo del río Napo
se cultivaban extensos cañaverales. Cada
hacienda contaba con su trapiche para la destilación del “trago” o “cachaza”
que se elaboraba en grandes cantidades. En el río Napo no había patrón que se
preciara de tal que no contara con su alambique. Los años anteriores a la
guerra del 41 era muy conocida la hacienda de Carlos San Miguel de Arcadia
(actualmente en Perú). Tenía sus cañaverales de San Antonio y Giratorio en la
actual comuna Martínica en frente de Nvo. Rocafuerte.
El trago de Arcadia
se distribuía por todas las haciendas y estancos del río Napo a través de las
barcazas que llegaban de Iquitos y subían hasta la hacienda Armenia de Nicolás
Torres en el Coca. Los patrones blancos para tener bajo su dependencia total al
nativo lo emborrachaban con “cachaza”. Embruteciendo su cuerpo, mataban el
espíritu. El trago tiene un significado de mando, es “amu”, machista. El amu”
servía personalmente el trago a cada uno de sus peones. Por ninguna razón se
podía dispensar de tomar la copa brindada por el patrón. Era su regalo de
fiesta, pago del trabajo, señal de fidelidad, sumisión y aprecio. En las duras
jornadas de trabajo en los obrajes y lavaderos de oro, muchas veces era el
único consuelo y alimento.
Los 400 años de conquista y el sometimiento
posterior a los patrones y personal mestizo, han sometido al nativo del río Napo y moldeado su
carácter a punta de trago, elaborado en los trapiches de las haciendas o del
“pishko” importado del Perú. Más tarde llegó el “Sinchishunku” desde las destilerías
del Puyo y últimamente el trago más mortífero aún, mal llamado “puntas”, que
popularmente recibe los nombres de “tyawklla”, “veintisinco”, “bartolito” y
“pipucho”. Este trago asesino dejó de consumirse parcialmente debido a la orden
del gobierno (2010).
El trago es cosa
de hombres y lo sirve en copas el varón, la mujer sirve la chicha en tazones.
Sigue siendo el regalo preferido entre compadres y amigos, el “déjese ver” de los
dirigentes, políticos y petroleros no debe faltar en ningún encuentro, fiesta,
concentración política y reunión de cualquier tipo (talleres, cumpleaños,
clausuras, despedidas…). En algunas comunidades no se recibe a los candidatos
de los partidos políticos en campaña si no traen trago y discomóvil para tomar
y bailar hasta embriagarse los días que fueran necesarios ¡Cuanto más trago,
más seguro el voto para el candidato! Actividad que se repetirá después, en
cada visita del político a la comunidad.
Los antiguos
relacionaban al “trago” con el demonio (“supay”): “supay ishpa” u orina del
diablo le llamaban, así como el apelativo del oro era “supay ishma” o estiércol
del diablo. Tanto el trago como el oro los referían a los conquistadores españoles y a los
patronos criollos a quienes comparaban con el demonio malo que los esclavizaba
y mataba por miles en los lavaderos de oro (Tena, Archidona y Payamino), en las
encomiendas y caucherías. Los escasos 50 años de libertad e independencia de
los últimos patronos del Napo no han sido suficientes para borrar las huellas
profundas de 400 años de esclavitud y
dependencia. Ahora se han transferido, del patrón de hacienda al patrón de compañía petrolera que
fomenta las mismas actitudes de dependencia y sueldos mínimos. Las personas se
valorizan por el alcohol. Las prerrogativas de los dueños del trago siguen
siendo las mismas que le atribuían al antiguo “amu” blanco, señor del alambique.
Se ha prohibido el trago y se han hundido los
pequeños negocios de las licorerías artesanales (en buena hora), pero se ha
promovido y fortalecido en mayor proporción el consumo de cerveza, cuya venta
en las comunidades del río Napo hace 5 años era nula. Las fábricas de cerveza
han encontrado los mejores clientes en la población bebedora de la amazonia.
Las campañas contra el alcohol promovidas por el gobierno no ha disminuido su
consumo, sino que ha aumentado las ganancias de los cerveceras y el alcoholismo
de la población. Al río Napo, los días sábados y domingos, a partir de la
población de Pompeya especialmente, se le puede llamar “río amarillo” por el
colorido de las canoas que transportan y distribuyen las javas amarillas de
cerveza. Hoy día está rebasando los límites y se ha convertido en las
comunidades, en problema social y policial número uno. El alcohol da la medida,
categoría, calidad y valor del hombre. Según datos el cantón Aguarico consume
l.200 javas de cerveza cada 10 días (esta es la carga de una sola canoa, hay
varias de menor tonelaje que también la transportan), cada java tiene l2
botellas grandes y cada botella se vende a $ l, 80. Los regalos del alcalde y
políticos de la 35 son de 200 javas (concentraciones, bautizos, fiestas…), los
regalos de comuna (fiestas) son de 150 javas, el regalo de trabajador petrolero
es de 20 javas, el regalo de pobre es de 1 java y el más pobre es de 1 vaso.
Achakaspi
1703999019



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